Patrimonio : Reseña Histórica

Causas y efectos de su nacimiento.

Valparaíso, entre las grandes ciudades de Chile, es sin lugar a dudas la de características más especiales, tanto por su aspecto topográfico, físico y urbanístico, como por su historia y tradiciones. Desde sus orígenes fue definida en el complemento de dos factores que a través del tiempo fueron determinando su perfil. Estos fueron, su carácter urbano y la actividad portuaria, por lo que puede decirse que desde su nacimiento se fue estructurando en torno a la dualidad de ser conjuntamente ciudad – puerto.

Esto le dio un peculiar desarrollo a la comuna, otorgándole fama de ciudad bohemia y cosmopolita, con una gran actividad cultural y artística; sede de importantes universidades tradicionales y con épocas de gran auge económico que le significó ser objeto de importantes migraciones que se ubicaron espontáneamente en los cerros en donde se concentra la mayor densidad poblacional de la comuna.

Por lo mismo, la identidad de Valparaíso se ha ido definiendo en torno a la marina mercante, la Armada Chilena y la Escuela Naval Arturo Prat; y en torno las particulares características que presenta la morfología de la ciudad.

La historia de Valparaíso comienza a construirse casi fortuitamente con el encuentro de las fuerzas de don Diego de Almagro, el descubridor de Chile, que venía desde el Perú avanzando hacia el sur. Este debía encontrarse en algún momento con los abastecimientos que eran transportados por mar. “ por mar venían tres barcos con abastecimiento de los cuales uno el “Santiaguillo”, un barco muy pequeño logró llegar a esta región. No había punto de reunión previamente establecido, puesto que eran expedicionarios que venían por primera vez, así es que ambos grupos tuvieron que buscarse”.

En esas circunstancias, el capitán Juan de Saavedra, que venía por tierra desde el Valle del Aconcagua, donde había llegado desde el norte, se internó en la vegetación hacia el mar, al mando de 30 hombres “... atravesó algunos valles, remontó las alturas de la costa y condujo a su gente hasta las playas del Pacífico. Habían llegado a una amplia ensenada, en cuyo centro emergía del mar la modesta y destartalada silueta de una galera española”.

Este fue el momento para considerar ante la Historia el descubrimiento de Valparaíso, ocurrido más o menos a mediados de septiembre de 1536”.

Como es sabido, los españoles vuelven a retomar la conquista de Chile años más tarde, en 1541, encomendando dicha tarea a don Pedro de Valdivia, quien es nombrado Gobernador de Chile.

Valdivia vino con un plan más o menos definido para la conquista del nuevo mundo, el que incluyó la fundación de varias ciudades y fortalezas, entre las cuales no estuvo considerada Valparaíso. Fundó Santiago, la que estableció como la principal ciudad y centro del nuevo reino.

Estando en conocimiento de Valdivia, que la expedición anterior, la de Almagro, logró entregar los necesarios aprovisionamientos por vía marítima, se dio a la tarea de ubicar rápidamente dicho punto, el que no tardó en encontrar.

Valdivia, en su primer viaje a Valparaíso, vino acompañado por don Francisco de Aguirre a quién entregó funciones de carácter informal o provisional (4), debido a que no quedaron registradas oficialmente, pero, éstas estuvieron referidas, seguramente, al funcionamiento de éste lugar, para recibir pertrechos y provisiones que, por vía marítima, venían desde el virreinato del Perú.

En un segundo viaje, con fecha 3 de septiembre de 1544, Valdivia declaró oficialmente a la caleta de Valparaíso como puerto oficial de Santiago, siendo considerada esta acción por algunos, como el primer acto oficial de autoridad en nuestra ciudad. Pero, se debe clarificar, que el Conquistador de Chile no fundó la ciudad de Valparaíso. No estaba en sus planes, y no le interesaba. Solo quería que aquí funcionara un buen centro de abastecimiento y llegada de provisiones. Es tan claro el propósito que, para ello se creó un camino de mulas, por los cerros del interior de las actuales comunas de Talagante y Casablanca, en dirección al centro del Reino, es decir Santiago.

En efecto, a los pocos años en 1544 la actividad se intensificó y Valdivia acreditó en Valparaíso a uno de sus comandantes de nave, el capitán Juan Bautista Pastene. Esto con el propósito de hacer más eficiente las tareas de aprovisionamiento marítimo hacia el interior del territorio, lo que incluyó abrir nuevas rutas marítimas hacia el sur.

A medida que avanzó la conquista y colonización de Chile, más imprescindible y necesaria es la oportuna llegada de pertrechos. Ya se habían fundado las ciudades de La Serena y de Concepción, las que junto con Santiago provocaron que un mayor número de personas establecidas requieran abastecimiento.

Valparaíso es puerto de embarque de pasajeros, productos, oro y correspondencia oficial hacia el Perú. Se levantaron rústicas construcciones que sirvieron de bodegas y hospedaje de paso. Se establecieron los primeros habitantes quienes tuvieron las primeras funciones específicas en la incipiente ciudad. Y, como todo asentamiento humano, - creado por los españoles en dicha época - por muy pequeño que éste fuera, necesitó atención espiritual. Es así como en el año 1559, se construyó una pequeña capilla, en una suave loma cercana al puerto. Nació así, lo que hoy conocemos como iglesia de La Matriz, cuya edificación actual es la quinta que se ubica, casi exactamente, en el mismo lugar.

Pronto Valparaíso, como puerto comercial atrajo a corsarios y piratas. De hecho Francisco Drake, lo saqueó en diciembre de 1578. Estos ataques corsarios que se dieron fundamentalmente a fines del siglo XVI y principios del XVII, marcaron en el itinerario de Valparaíso, una nueva etapa: la de su defensa.

“La construcción de fuertes que ofrecían protección a los vecinos y comerciantes establecidos, la declaración de “Plaza de Guerra”, al mando de un Gobernador, permitieron el avance de la incipiente ciudad”.

Junto con ello, Valparaíso empezó a ganarse un lugar y un nombre, aunque fuese éste, como punto de ataque para la desestabilización del poderío español en el nuevo mundo. Pero, la Corona Española no sólo encontró en los nuevos territorios una fuente de ingresos económicos, sino también un espacio para continuar su obra evangelizadora.

La presencia de diversas Ordenes Religiosas Católicas se hizo fuerte en Valparaíso, en esta época: mercedarios, agustinos, jesuitas, franciscanos, dominicos y los hermanos de San Juan de Dios, se establecieron en forma definitiva en la ciudad.

La instalación de fortificaciones y el asentamiento religioso en Valparaíso colonial, hicieron decir a un historiador que la ciudad no fue mas que “una síntesis de convento y fortaleza”.

El análisis histórico indica que estas dos grandes actividades en torno a la iglesia y el fuerte, formaron parte del propósito y la estrategia de la Corona para la conquista y colonización de sus nuevas posesiones.

Junto con ello se empezaron a insinuar, en la segunda mitad del siglo XVII, los primeros gestos de iniciativa privada; es decir, la aparición de hombres de gran espíritu empresarial que buscaron la forma de realizar actividades económicas desde la ciudad.

En efecto, al despuntar el siglo XVIII comenzó a experimentar Valparaíso un lento pero positivo desarrollo. El gran historiador don Benjamín Vicuña Mackenna señaló al respecto que las necesidades del Perú, hicieron de Chile un exportador de cereales y Valparaíso se transformó en “una gran bodega”.

Los hacendados del valle central propiciaron la construcción de grandes graneros en el puerto, surgió así un personaje importante y característico de la época: el bodeguero. Valparaíso era aún un modesto y pequeño punto de desembarco, cuya población no alcanzaba a más de 1.000 habitantes en 1730, pero que empezó un crecimiento sostenido. En 1765 ya había duplicado su población que alcanzaba a las 2.000 personas. El censo de 1784 arrojó un total de 2.973, de los cuales 47 eran españoles; 932, criollos, hijos de españoles nacidos en Chile; 1.173 mestizos, hijos de criollos e indios; 476 mulatos, hijos de criollos y negros y 152 esclavos.

Sin embargo, aún Valparaíso no contaba con un muelle de atraque y la descarga se hacía a embarcaciones menores que se ubicaban a los costados de las naves surtas en la bahía. Toda la actividad de la ciudad dependía, por cierto, de la llegada de los barcos y su ausencia daba paso a una ciudad somnolienta y aburrida. Al decir de Vicuña Mackenna, Valparaíso al igual que el resto del país dormía su “siesta colonial”.

Entre tanto ocurrió un hecho muy importante para Valparaíso con relación a su calidad de ciudad. Ya don Ambrosio O’Higgins había hecho sus reparos sobre el uso del nombre de ciudad para Valparaíso, ya que oficialmente no tenía tal calidad. Como consecuencia de ello, los vecinos se movilizaron y solicitaron formalmente a la Corona su reconocimiento como ciudad. Así con fecha 9 de agosto de 1811, se dictó la siguiente resolución: “Hallándose los señores del Alto Congreso del Reino en la Sala Plena, y, después de orientados de los fundamentos legales y documentos que acreditan la solicitud del cabildo de la ciudad de Valparaíso, en uso de las facultades que a nombre de nuestro Soberano, el señor don Fernando VII, le dispensa la representación del Reino, declaran a su real nombre a la ciudad y puerto, los títulos de Muy Noble y Muy Leal, con el goce del escudo blasón que designa el acta de joyas, y a más la licencia para los gastos ordinarios y extraordinarios que detalla la misma”.

Valparaíso despertó de su sopor a partir de la Independencia de Chile, alrededor de 1810. Desde ahí, y en el lapso de dos o tres décadas se realizó una profunda y prodigiosa transformación. Creció en población, empezó la lucha por ganar espacios al mar y se sentaron las bases de la ciudad grande y próspera de los años venideros. “Las actividades portuarias, comerciales y militares aumentaron la población de 5.500 habitantes en 1810, a 16.000 en 1822, pasando Valparaíso a ser la segunda ciudad de Chile. En la década del 20, más que una vía de comunicación con el exterior, Valparaíso es la puerta a través de la cual ingresan al país las primeras oleadas de una economía mundial marcada por la revolución industrial”.

En esta época se dio un segundo e importante reconocimiento a Valparaíso. Con fecha 3 de mayo de 1839, el Presidente Joaquín Prieto Vial, dictó el siguiente Decreto: “Considerando: que en los generosos esfuerzos que han hecho todos los pueblos de la República para concurrir a la defensa del honor y seguridad de la Patria, en la guerra contra don Andrés Santa Cruz se ha distinguido, entre todas, la ciudad de Valparaíso por su exaltado patriotismo y extraordinarios servicios que ha prestado, usando de las facultades extraordinarias que ejerzo, he acordado y decreto: 1° La ciudad de Valparaíso añadirá a sus títulos de Muy Noble Y Muy Leal, Los De Muy Benemérita Y Esclarecida. 2° Un original del presente decreto se presentará a la Municipalidad de Valparaíso por el Ministro del despacho del Interior para que se deposite en el archivo de la misma Municipalidad. 3° Publíquese”.

En este contexto, se empezó a registrar una situación que fue relevante en la historia de la ciudad y que la constituyo una fuerte inmigración extranjera. “Valparaíso adquiere la fisonomía de una ciudad cosmopolita, un “cóctel de razas” según la expresión de Joaquín Edwards Bello. Esta influencia extranjera es decisiva en la configuración y más aún en la creación del porteño, que a la vuelta de pocas décadas transforma su ciudad en un emporio comercial, centro de actividades navieras, corazón económico de Chile, e incluso en un pujante foco cultural y artístico”.

Junto con ello Valparaíso, que como ciudad no ha sido fundada, empezó a ver nacer una gran cantidad de importantes instituciones y adelantos, muchos de ellos pioneros en el país, algunos a la par con las más modernas tecnologías europeas.

Serán precisamente, estas instituciones fundantes las que echaron las bases de la importante ciudad que es hoy Valparaíso.

No podemos dejar de mencionar que Valparaíso, durante su historia, ha sufrido con rigor los embates de la naturaleza: temporales, inundaciones y terremotos. En algunas circunstancias, como por ejemplo, el terremoto de 1906, la ciudad quedó casi totalmente destruida en su infraestructura comercial, financiera y de servicios. Además, su población no es ajena a las tragedias, viviendo casi habituados a los naufragios, a las pérdidas de vidas amigas y a la muerte como algo cotidiano.

Pero todo ello, también permitió evidenciar los que serán rasgos característicos del habitante de Valparaíso que se constituye en un capital social aún no explotado: su espíritu emprendedor y su fuerza para sobreponerse a las situaciones adversas; su gran espíritu solidario y la tolerancia hacia lo desconocido, hacia lo nuevo y hacia lo extraño, por último, su creatividad capaz de encontrar soluciones a los problemas más increíbles, siempre con escasez de recursos.


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2009